Música tzotsil en Nueva York: resistencia y nostalgia | Molino Informativo

Música tzotsil en Nueva York: resistencia y nostalgia

by | May 23, 2024 | Comunidades

Sak Tzevul es más que sólo una banda: es un puente entre fronteras.

Los hermanos Martínez, originarios de Zinacantán, Chiapas, llevan mas de 25 años tocando música en lengua tzotsil. Este 2024 volvieron a tocar en Nueva York, se presentaron en la universidad de Colgate en Hamilton, Lehman College, en el Consulado Mexicano y en el espacio cultural Terraza 7.

Sak Tzevul significa relámpago en tzotsil. Su música, como un relámpago, abarca distintos géneros y temas, desde lo espiritual, lo emocional y la naturaleza, hasta la protesta y la identidad. Su música ‘batz’i’, fusiona el rock y la música tradicional adentrándose a la cosmovisión de su pueblo.

La banda se ha presentado en diversos eventos importantes en México, como el festival Vive Latino (2014), el Festival Internacional Cervantino (2012). Además, han llevado su música a Dinamarca, Rusia y Japón. 

El levantamiento indígena zapatista de 1994 en Chiapas, provocó una serie de cambios en la región. La escena musical fue parte de estos procesos de transformación y dos año después, Damián, el vocalista de la banda, creó Sak Tzevul.

Paco, el hermano menor de los Martínez lleva tiempo viviendo en Hamilton, Nueva York. Hace un año, profesores de la universidad de Colgate, se enteraron que era parte de la banda Sak Tzevul. Un profesor que estudia las comunidades mayas de Chiapas le propuso que la banda impartiera pláticas de temas políticos y sociales, aparte de presentar su música en escenarios.

Sak Tzevul se presentó en Nueva York en abril de 2024, reuniendo a la banda que ya grandes, unos con hijos y familia, viven en distintas partes del mundo. Después de la Gran Manzana, viajaron a otras partes de EE.UU como Tampa, que tiene una población importante de comunidades chiapanecas.

Paco y Enrique, dos hermanos integrantes de Sak Tsevul, platicaron con el Molino sobre sus presentaciones en Nueva york y lo que significó para las comunidades de pueblos originarios que viven en esta ciudad.

¿Por qué ponen la fundación del grupo en 1996?

Paco: Ese año, en el festival de la Casa de la Cultura nos habían dado un número para tocar nuestra música , pero ya para el último. Nos lo posponían a cada rato, como que al final ya no nos querían dejar tocar. Entonces, tomamos los instrumentos arriba de una casa. Los transportistas nos dijeron ‘toquen, nosotros queremos que toquen’. Estábamos respaldados por ellos. La subida de instrumentos fue así rapidísimo. Tun Tun Tun, y empezamos a tocar casi enfrente del festival. En ese momento fue que toda la gente pues se interesó hacia lo que estábamos haciendo nosotros y voltearon a vernos. De repente, toda la gente estaba poniéndonos más atención a nosotros y no al festival. El presidente municipal mandó decirnos, que nos calláramos porque sino, nos iban a mandar a la cárcel. Se armó una comitiva y fueron a hablar con él para que no nos hiciera nada. Era como que, estabámos respaldados.Por eso ponemos ese día como el día de la fundación del grupo. 

¿Qué influencias tiene su música?

Enrique: De rock, desde Caifanes hasta Pink Floyd. Guitarra, violín. Música tradicional de Zinacantán, de los altos de Chiapas. Hasta tenemos influencias de nuestra mamá que es de origen zapoteco.

Fotografía de Óscar Piñones (Rebeldía Radio)


¿Cómo fue diferente su visita del 2018 a la del 2024 en Nueva York?

Paco: En el 2018 fue en un restaurante mexicano, lo armamos muy rápido, improvisado. También tuvimos una tocada también muy improvisada en La Morada. Con mi familia vivíamos a 2 cuadras de ahí, entonces ya éramos amigos de ellos. Les gustó bastante, recuerdo que tocamos así muy, muy, muy sencillo, lo más acústico posible. Presentarles a ellos, creo que fue de las más bonitas experiencias. Mi hermanos lograron hacer amigos. La presentación oficial, ya formal pues, fue en el 2024, el concierto en Colgate.

¿Hubo alguna persona que los recordó de la vez que vinieron a Nueva York en el 2018?

Paco: Hay una persona especial que es de San Juan Chamula, un pueblo al lado de nosotros, de Zinacantán, en Chiapas. Nos fue a ver a un restaurante en el Bronx, llegó con su guitarra. Resultó que había sido alumno de mi hermano Damián allá en Chiapas. Estaba muy contento de vernos. Su papá tocaba acordeón con mi tío. Había esa conexión, de una generación atrás, pues. Y nos siguió en las siguientes presentaciones. Salimos a pasear y fue con nosotros. Parecía que él sentía que estaba con sus hermanos. Con la música hemos podido reecontrarnos a algunas personas y encontrar más.

¿Qué papel tiene la música  en la representación de las comunidades originarias en lugares como Nueva York?

Paco: En la ciudad de Nueva York, muchos se dicen latinos, pero no se habla mucho de las comunidades originarias. Ser latino no abarca eso pues, no es igual. Con nuestra música, como que sienten conexión, que sí se está haciendo algo por la lengua, que también es parte de lo que es ser de Latinoamérica. Hay una voz, en lengua tzotzil y estamos diciendo algo.

¿Tienen un ejemplo de gente que se sintio identificada con su música?

Enrique: Aquí en las presentaciones asistieron jóvenes que tienen las raíces de sus padres. Por ejemplo, son de de Oaxaca o Puebla. Específicamente son de una región, de un pueblo originario. Entonces, pasa que estos jóvenes ya no hablan la lengua de sus papás. Pero sus papás todavía hablan alguna lengua, como el mixteco. Entendemos que es difícil  preservar  las lenguas originarias y las costumbres de pueblos originarios en esta ciudad grande. Ha veces no hay tiempo, o no se los permiten también.  Pero pues a los muchachos les entusiasmó eso, que nosotros estábamos cantando en tzotzil, con un poco de la música tradicional y se sintieron identificados.

¿Qué tal vieron la respuesta de las audiencias en sus presentaciones este año?

Enrique: La gente quedó muy contenta e impactada. Tenemos amigos desde esa ocasión que venimos y nos escribimos todavía. Nos han ido a ver ahora que regresamos, entonces esa hermandad se siente, ese cariño que te dan tus paisanos aquí de este lado. Se siente bonito.  Pienso que ellos también, sienten como la nostalgia un poco de la música que hacemos. Creo que les trae un poco de su tierra y de sus raíces. Porque, es un poco la lengua y fusión de la música tradicional de nuestra región.

Nos aprecian mucho, y nosotros apreciamos muchísimo su trato y que no nos han olvidado.