Delaney Hall: cuando la realidad supera al periodismo | Molino Informativo

Delaney Hall: cuando la realidad supera al periodismo

by | Sep 16, 2026 | Colaboraciones especiales, Comunidades, Reciente

Cubrir lo que pasa afuera del centro de detención de migrantes de Delaney Hall (New Jersey) ha tocado algunas de las fibras más sensibles de mi vida como periodista y como ser humano. Han sido días de ahogar las lágrimas, pero también de permanecer de pie, incluso bajo las inclemencias del clima.

Desde el 22 de mayo de este 2026 he estado ahí junto a otros comunicadores comunitarios, documentando lo que ocurre afuera de este centro de detención para migrantes: los primeros días de la huelga de hambre, las agresiones brutales contra manifestantes y posteriormente contra la prensa por parte de los agentes de ICE que resguardan las instalaciones; el segundo fin de semana de cobertura recibimos una agresión por parte de la policía estatal –ordenada por la gobernadora Mikie Sherril para proteger a los manifestantes.

Durante el primer mes de la huelga fui casi todos los días y muchas veces me quedaba hasta cerca de la medianoche. En las semanas posteriores, y hasta hoy, continúo regresando dos o tres veces por semana, o cuando es necesario.


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En todo este tiempo he escuchado decenas de historias de personas que, después de días, semanas o meses detenidas, finalmente cruzan las puertas de Delaney Hall en libertad. Cada una tiene su propia historia, aunque al escucharlas, es difícil no encontrar similitudes entre ellas.

Una de esas historias es la de don Byron, un migrante ecuatoriano que una noche salió de Delaney Hall junto con otros compañeros migrantes de Honduras y Guatemala.

Recuerdo muy bien aquella noche. Cuando los vi cruzar la puerta, guardé mi gafete de prensa y corrí a abrazarlos. Por un momento dejé de pensar en las preguntas, en las fotografías y en lo que tenía que documentar, aunque debo aclarar que por seguridad no los fotografiamos a menos que haya alguna excepción.

Simplemente sentí la necesidad de recibirlos.


Byron salió todavía con su ropa de trabajo manchada de pintura. Esa imagen me llamó particularmente la atención porque, minutos después, cuando comenzó a contarme cómo había terminado detenido, aquellas manchas cobraron otro significado.

Me dijo que el día de su detención se encontraba trabajando en Newark. Estaba sacando unas pinturas cuando, según su relato, un oficial de ICE se acercó y le mostró la fotografía de una persona a quien estaban buscando. Byron respondió que él no era esa persona.

A pesar de ello, me contó que los agentes les pidieron a él y a otros dos compañeros que los acompañaran hasta un vehículo para verificar sus datos. Una vez dentro, dijo, ya no los dejaron bajar.

Primero fue llevado al centro de detención de Elizabeth –también en New Jersey– y posteriormente trasladado a Delaney Hall.


Mientras hablábamos afuera del centro, comenzó a contarme entre lágrimas algunas de las cosas que aseguró haber vivido durante su detención: las condiciones de la comida, el encierro y los trabajos que realizan algunos detenidos, entre ellos labores de limpieza y cocina por tan solo 1 dólar al día y si no terminaban el turno solo centavos les pagaban. Este trabajo les permite acceder a las tabletas que utilizan para comunicarse con el exterior.

No tuvimos demasiado tiempo para continuar. Uno de sus amigos había llegado para recogerlo y llevarlo al lugar donde el vive, nos despedimos y lo vi marcharse lleno de esperanza. 

Con el paso de las semanas sigo yendo a Delaney Hall y continuo escuchando otros relatos. Cambiaban los nombres, las edades, los países de origen y las circunstancias de cada detención, pero algunas experiencias comenzaban a repetirse.

Mientras más tiempo paso afuera de esas paredes, más difícil se vuelve separar completamente a la reportera de la persona que estaba escuchando aquellas historias.


He visto camionetas entrar a Delaney Hall llenas de personas en su mayoría hombres que han sido detenidos durante horas de trabajo, pero también ha tocado documentar cuando salen camiones llenos de personas que son llevadas a los aeropuertos cercanos para ser enviados a su país de origen, esos días son de no saber si tomar una fotografía o gritar al verlos golpear las ventanas con fuerza, mientras otros nos dicen adiós movimiendo las manos.

Es verdaderamente frustrante. Esos días vuelvo a casa con el corazón apachurrado y con la esperanza en el aire. 

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Sin embargo, de todos estos meses el momento más duro fue llegar a primera hora de la mañana en medio de una tormenta, a la casa de Edwin Jovanny López, un migrante salvadoreño de 39 de edad que murió el 1 de agosto de 2026 en custodia de ICE, también en Delaney Hall.

López fue detenido el 18 de junio en Plainfield, NJ, su lugar de residencia. El 3 de agosto, doña María López nos recibió en su pequeño departamento con el dolor de una madre que ha perdido a su hijo.

Recuerdo que en el camino iba formulando mis preguntas, pero al ver a doña María desconsolada, olvidé el guión y fui haciendo preguntas improvisadamente tratando de consolarla de alguna manera.

Mientras conversábamos yo ahogaba mis sentimientos, hasta que llegó un momento que no encontraba las palabras para consolarla. Bajo las circunstancias en las que Edwin murió, la familia, especialmente su madre, pidió que se documentara todo el proceso de los servicios fúnebres, por lo que el viernes 7 de agosto pidieron a la prensa cubrir el momento de la llegada del féretro a la iglesia.

Yo estaba haciendo un Facebook Live narrando la llegada, y mientras eso sucedía la familia y su pequeña hija Ashely, de tan solo12 años, lloraban de manera desconsolada. Mi voz se quebró en ese momento, junto con otro compañero y apagué la transmisión. 

Doña Maria dijo en entrevista que ella nunca visitó a su hijo detenido, debido a la falta de información que existe sobre los procesos, las estafas de abogados que prometen mucho y no hacen nada, solo se llevan el dinero abusando de la desesperación.


Al ver estos casos trato de ayudar también, algunas veces he tomado los casos de mexicanos haciendo el enlace con el área de protección del Consulado que esta en New Brunswick, mismo que se encuentra rebasado, pero que siempre han respondido de manera rápida. 

Por ejemplo, el 12 de agosto me llamaron para documentar la salida de don Pedro Robles originario de Xochihuehuetlán, Guerrero, en México. Su hija Maribel luchó incansablemente al lado de organizaciones como Movimiento Cosecha, Radio Cosecha, Ice Out NJ, al lado de la congresista Ana Lilia Mejía para conseguir su libertad.

Robles ha vivido en Estados Unidos por 40 años, fue detenido mientras se dirigía a su trabajo en Piscataway, N.J., su hija contó que mientras se encontraba en detención, don Pedro sufrió una infección dental, lo que generó la presión para su salida con éxito, “allá adentro muchos están enfermos”, aseguró Robles. 

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Estas son tan solo algunas de las historias, que a diario escuchamos y vemos afuera de Delaney Hall, y aunque estamos haciendo un trabajo de cobertura periodística, cada persona que entra ahí nos duele, porque son parte de nuestra comunidad, de aquellos que como nosotros solo vinieron buscando un futuro mejor.