En el verano de 1936, cuarenta atletas peruanos llegaron al Berlín de Adolf Hitler para competir en los Juegos Olímpicos por primera vez en la historia del país. La delegación peruana terminaría partiendo temprano y sin medallas. Aun así, fueron recibidos como héroes a su regreso.
Para llegar a Alemania, el equipo había pasado 44 días en alta mar, decidiendo hacer el periplo en bote– una alternativa mucho más barata que un viaje aéreo en esos tiempos. Tuvieron que recaudar fondos para poder pagar los 100,000 soles (equivalente a $30mil USD en 1936, ahora más de $700mil) necesarios para participar.
La decisión de albergar las Olimpiadas en Alemania era controvertida, hasta en esa época. La delegación estadounidense casi llegó a boicotear los juegos, pero el comisionado olímpico de los Estados Unidos, Avery Brundage, detuvo estos esfuerzos. Los movimientos de boicot no despegaron en el continente americano.
La delegación peruana consistió de competidores en atletismo, baloncesto, ciclismo, salto, natación, tiro y fútbol. Los años 30 fueron la edad de oro del fútbol peruano. Casi un siglo después, los peruanos aún consideran a Alejandro La Manguera Villanueva y Teodoro Lolo Fernández como algunos de los mejores peruanos al tomar el campo de juego.
Los delanteros pertenecían particularmente a la élite. Muchos de ellos jugaban en el Club Alianza Lima. Fueron apodados el rodillo negro, una referencia a su dominancia ofensiva y al color de piel. La plantilla olímpica, además, consistía en jugadores de origen indígena, africano y europeo. Muchos de ellos fueron miembros de la clase obrera y analfabetos. Desde cualquier punto de vista, este grupo era una afrenta a la ideología nazi.
A pesar de su extensa travesía, el equipo peruano demostró su excelencia en el escenario mundial al vencer al equipo finlandés con una goleada de siete a tres. La luz de la antorcha olímpica no era demasiado brillante para las estrellas del Perú, sin embargo Fernández y Villanueva marcaron cinco y dos goles, respectivamente.
Su próximo oponente, Austria, constituirá un desafío más difícil. El país europeo también estaba en medio de su era de oro y su equipo de fútbol era apodado el Wunderteam o equipo de ensueño, aunque muchos de los integrantes de 1936 eran amateurs desconocidos.
Austria dominó el primer tiempo, marcando dos goles y mantenido a Perú sin puntos. En el minuto 75, Jorge Alcalde anotó un gol, reduciendo la ventaja de Austria a la mitad. Seis minutos después, Villanueva marcó el punto final del tiempo reglamentario empatando el marcador y resultando en tiempo adicional.
Mientras Perú ganó ímpetu, los aficionados austriacos coreaban “sal de Europa.” Los medios europeos no podian ocultar su desdén contra la gente peruana, escribiendo sobre “la accion salvaje de los peruanos” y que “los negros en su grupo comiten algunos trucos no aptos y desagradables.”
Perú mantuvo su energía en el tiempo adicional. Villanueva y Fernández anotaron un gol cada uno. Cuando el árbitro sopló en silbato final, el marcador final era cuatro a dos. La remontada estaba completa –en su primera aparición olímpica, Perú logró llegar a las semifinales. Aficionados peruanos en Berlín irrumpieron en el campo.
Los medios europeos reaccionaron con repulsión al ver la celebración de los peruanos. Un periodista escribió: “Nuevamente, fanáticos entraron a la cancha por la fuerza y besaron a los jugadores. ¡Nosotros los centroeuropeos civilizados nos sentimos mal por los jugadores!”
El presidente del fútbol austriaco, el doctor Richard Eberstaller, alegó que los jugadores e hinchas peruanos estaban armados y fueron violentos, lesionando a los jugadores austriacos. Aunque hubieron fotógrafos presentes, las fotografías de estos altercados nunca han sido ubicadas. Austria impugnó los resultados del partido a la FIFA y el Comité Olímpico Internacional (IOC, por sus siglas en inglés).
Al día siguiente, la FIFA y el IOC convocaron a una reunión con ambos equipos para litigar el asunto. La delegación peruana no llego a asistir la reunión, aparentemente debido al trafico causado o por un desfile nazi o una carrera de ciclismo. Sin ningún representante del Perú, la FIFA y el IOC decidieron a favor de Austria. Ordenaron una revancha sin espectadores.

La dignidad del Perú
Cuando el día del partido llegó, cientos de guardias armados fueron asignados al estadio a la expectativa de los “aterradores peruanos”. La seguridad aumentada no fue necesaria. El equipo peruano nunca apareció en un acto de desafío a la decisión de la FIFA y el IOC.
En respuesta a las acciones de los peruanos, los medios austriacos comentaron, “los peruanos con sus bailes negros, con su salvajismo y sus canciones de batalla nos sacaron de quicio lo suficiente, pero eso ya termina.”
A pesar de la lucha que habían superado simplemente para llegar a Berlín, la delegación peruana entera se retiró de las Olimpiadas. Para entonces, casi todos los atletas peruanos habían sido eliminados de los juegos, aunque la experiencia olímpica del equipo de baloncesto y del nadador Walter Ledgard terminó bruscamente.
Otros países latinoamericanos criticaron la decisión. Argentina, Uruguay, Chile y México publicaron declaraciones a favor de Perú. La delegación de Colombia dio un paso más y abandonó la competencia junto con los peruanos, aunque todos sus competidores ya estaban eliminados.
Cuando las noticias del fallo llegaron a Lima al día siguiente, el público aún estaba celebrando la victoria sobre Austria. Las fiestas se volvieron disturbios. Más de 20,000 aficionados peruanos enfurecidos se congregaron en la Plaza Mayor. Los alborotadores le tiraron piedras a las embajadas alemana y austriaca. En la ciudad portuaria del Callao, estibadores rehusaron a descargar cargueros alemanes. Otras manifestaciones parecidas sucedieron en varias partes del país.
La protesta peruana hizo olas en la villa olímpica. Cuando el boxeador chino Jin Guidi venció al britanico Dick Shrimpton, los ingleses también decidieron impugnar los resultados. Otra vez, la IOC se puso al lado del país europeo, declarando que Shrimpton era el verdadero ganador.
China decidió no protestar y recibió elogios de los medios occidentales. En Illustrated Week-End Sporting World, un reportero escribió, “la delegación china entera eligió el curso de honor.” Para algunos aficionados chinos, esta decisión no era tan honorable. “China siempre está siendo intimidada, y nuestra tolerancia es hasta superior a la de los peruanos,” declaró un escritor chino.
Perú partió de Alemania por la misma manera en que llegaron: en bote. Mientras que los Juegos Olímpicos de 1936 terminaban, los peruanos se embarcaron en otra travesía larga. El Wunderteam venció a Polonia 3-1, llegando a la final, donde perdieron 2-1 contra el equipo Italiano de Benito Mussolini. Los austriacos ganaron la medalla de plata.
Con muchos de los mismos jugadores de su plantilla olímpica, Perú llegó a ganar los Juegos Bolivarianos de 1938 y la Copa América de 1939. Por otro lado, los deportes austriacos fueron interrumpidos por el gobierno de Hitler. Aunque clasificaron para la Copa Mundial de 1938, tuvieron que retirarse cuando Alemania anexionó a Austria. Tres miembros del equipo de fútbol olímpico austriaco, Ernst Künz, Karl Wahlmüller y Walter Werginz, murieron en combate como miembros de las fuerzas armadas de Alemania.

Los primeros en vencer a los nazis
En las décadas que siguieron, el equipo peruano de las olimpiadas de 1936 fue integrado junto con las narrativas que surgieron después de la Segunda Guerra Mundial. El pueblo peruano aún piensa que los Nazis les robaron la oportunidad de ganar una medalla olímpica debido a su origen racializado.
Con los años, algunos han llegado a creer que Hitler, él mismo siendo austriaco, fue el que decidió anular el resultado del partido. La historia de este equipo es casi mitológica, una leyenda que afirma que antes de que el ejército soviético derrotara Berlín, fueron unos humildes futboleros peruanos los primeros de derrotar al equipo de Hitler en su casa.
La realidad es un poco más complicada. Primero, no hay evidencia de que Hitler asistió al partido. Ninguno de los registros oficiales de la FIFA o el IOC mencionan la raza como un factor en su toma de decisiones, pero esto puede ser atribuido más a desear mantener una apariencia profesional que a sus intenciones reales. Al mismo tiempo, se hace difícil creer que el racismo no tuvo un papel en su fallo, dadas las reacciones de los medios europeos a la victoria peruana
Aunque el público elogió al entonces presidente del Perú, Óscar Benavidez, por decidir retirar la delegación olímpica del autoritarismo europeo, él mismo era autoritario en casa. Inicialmente el gobierno de Benavidez criticó “la astuta decisión de Berlín,” pero cuando el pueblo empezó a dirigir su ira a los gobiernos alemanes y austriacos, Benavides se preocupó de que estas manifestaciones podrían dañar las relaciones diplomáticas entre Perú y Alemania.
El representante de lo IOC peruano, Alfredo Benavidez (sin parentesco con el presidente) declaró sobre los resultados anulados: “Ninguna postura alemana tiene cualquier cosa que hacer con el asunto.” Luego dijo que las manifestaciones en la embajadas fueron, “organizadas por comunistas, vemos en la Alemania de hoy el poder decisivo contra el comunismo.”
El Mundial de Fútbol de 2026, ¿la historia se repite?
Pese a todo el equipo peruano de fútbol olímpico de 1936 tiene un lugar importante en la historia del país sudamericano. Bien merecido a pesar de la política de la época o las razones precisas detrás de la negación de su victoria.
En sus dos primeros partidos olímpicos, demostraron su habilidad para superar la adversidad frente a las miradas del mundo. Hasta ahora, se espera que las personas marginadas se sientan agradecidas solo al recibir una invitación a los espacios de élite, sin embargo, con riesgos altos en territorio hostil, los peruanos eligieron la dignidad sobre la gloria olímpica.
Casi un siglo después, el mundo se encuentra en una posición parecida ahora que Estados Unidos, gobernado por Donald Trump, alberga la Copa Mundial 2026 junto con México y Canadá. Antes de que comenzara el campeonato, había preocupaciones sobre el efecto de la presencia de ICE entre la afición, los jugadores, el personal logístico y la prensa durante los partidos.
Como se esperaba, el Departamento de Seguridad Nacional (DHS, por sus siglas en inglés) ha tenido una presencia fuerte en esta Copa Mundial. Omar Abdulkadir iba a ser el primer árbitro somali en dirigir partidos en el mundial sin embargo se le negó la entrada a EU. Según un representante de la Oficina de Aduanas y Protección Fronteriza, la entrada del árbitro musulmán fue negada debido a “información negativa, incluida una asociación con presuntos miembros de organizaciones terroristas.”
Otra ausencia notable fue la de Michel Kuka Mboladinga, conocido como “Lumumba Vea”: ciudadano de la República Democrática del Congo, Mboladinga ha ido a varios partidos del fútbol de RDC y durante los partidos, se mantiene de pie sin movimiento con su brazo derecho elevado en un tributo a Patrice Lumumba, el primer presidente de la RDC después que el país se independizó de Bélgica.



Seis meses después que asumió el cargo, Lumumba fue torturado y asesinado durante un golpe de Estado respaldado por Bélgica. Lumumba sigue siendo una figura icónica en movimientos anticoloniales en todo el mundo.
La solicitud de visa de Mboladinga fue negada, aunque era un miembro oficial de la delegación congolesa, y no llegó a ver el primer gol en un mundial en la historia de su país.
Por otro lado, una de las historias más comentadas de este mundial es el tratamiento de la delegación de Irán, quienes tuvieron que competir mientras Estados Unidos e Israel atacaban su país. Aunque todos sus partidos sucedieron en suelo estadounidense, el equipo tuvo que tener su base en Tijuana, México debido a la negación de las visas de varios empleados iraníes. Su tiempo en el mundial acabó la etapa de grupos después que un gol despampanante fue controversialmente anulado.
Cuando fueron cuestionados sobre las negaciones de las visas del equipo iraní, un representante del Departamento del Estado de EU le dijo a ESPN, “No vamos a permitir que el equipo iraní abuse de este sistema para colar a terroristas a los Estados Unidos bajo pretensiones falsas.”
Aunque los peruanos nunca sabrán verdaderamente si Hitler o algún otro oficial alemán fueron quienes decidieron anular su victoria, Donald Trump definitivamente intervino en favor de su equipo nacional. Durante un partido entre los EU y Bosnia Herzegovina, el árbitro le dio una tarjeta roja al jugador estadounidense Jordan Balogun, descalificándolo del siguiente partido. Después que Trump llamó al presidente de la FIFA, Gianni Infantino, la tarjeta fue anulada. Balogun pudo jugar en el siguiente partido ante Bélgica, aunque los estadounidenses perdieron cuatro goles a uno.
Pocas personas fuera del Perú conocen la historia de ese equipo olímpico de 1936. Aunque es una historia interesante, cuando se compara a las atrocidades cometidas por los nazis, el resultado de un partido es insignificante. Sin embargo, es un artefacto de su época, un párrafo breve en los volúmenes de inmoralidad del gobierno de Hitler.
Cuando pensamos sobre las olimpiadas en Berlín, no pensamos en los partidos, los records o las medallas. Recordamos que la comunidad atlética global jugó partidos en la misma tierra donde miles de familias estaban siendo violentamente separadas y donde campos de concentración se llenaban con personas catalogadas como disidentes y criminales por su gobierno.
Cómo se comparará la Copa Mundial de 2026 a los actos de la administración de Trump, solo el tiempo lo dirá.

