Fotografías: Red de Pueblos Transnacionales
Aurelio Cornejo Serrano planeo pasar la noche de año nuevo como siempre: con su familia, comiendo pozole, tacos y doce uvas a medianoche para tener buena suerte. En cambio, en la noche del 31 de diciembre, se encontró detenido en Delaney Hall rodeado por desconocidos, con pocas razones para celebrar.
Aurelio fue uno de los 435 inmigrantes arrestados en el área metropolitana de la ciudad de Nueva York entre el 15 de octubre de 2025 y el 15 de marzo de 2026.
El día que fue secuestrado, iba caminando a la estación de tren, rumbo a su trabajo en Manhattan. Había pasado el día con su hermana en su departamento, en el vecindario de Sunset Park, Brooklyn. Era el día después de Navidad y las calles estaban vacías, frías, y oscuras, hasta que un vehículo se paró a su lado. De repente, estaba rodeado por agentes de ICE.
“Les dije que no iba hablar si no tenía un abogado, pero no me hicieron caso,” recordó Aurelio. Un agente le tomó una foto con un tipo de celular o tablet. La tecnología de reconocimiento facial lo identificó y notificó a los agentes que Aurelio había entrado a los Estados Unidos ilegalmente.
Este reconocimiento fue posible gracias a la primera vez que Aurelio intentó salir de México: siendo menor de edad, él había cruzado la frontera a pie, sin embargo fue capturado y devuelto a su país. Menos de un año después, volvió a intentarlo.
Poco después de llegar a Estados Unidos, Aurelio solicitó y recibió Estatus de Inmigrante Juvenil Especial, conocido como SIJS por sus siglos en inglés. SIJS es una clasificación de inmigración para menores de edad que han sido abusados, abandonados o descuidados por uno o ambos de sus padres. Últimamente, la administración de Donald Trump ha intentado debilitar las protecciones para los beneficiarios de SIJS.
Desafortunadamente, Aurelio no tenía sus documentos de identificación a mano esa noche. Fue arrestado, junto con otro peatón, y los llevaron a una cárcel provisional ubicada dentro de un edificio de oficinas gubernamentales ubicado en 26 Federal Plaza, Manhattan.
Ese edificio es la primera parada para muchos de los inmigrantes detenidos en la ciudad de Nueva York. El centro ha sido el sujeto de varias investigaciones sobre abusos, violaciones legales y condiciones miserables. La experiencia de Aurelio confirma estas circunstancias.
“Ahí fueron los tres días más difíciles”, declaró Aurelio, quien pasó más de tres meses detenido por ICE. Este centro de detención no tiene celdas, camas o duchas. Aurelio tuvo que dormir en el piso abarrotado, con una manta delgada que no lograba protegerlo del frío invernal.
A partir de ahí, fue trasladado a Delaney Hall, un centro de detención en Newark, Nueva Jersey. Actualmente, Delaney ha sido objeto de manifestaciones, debido a una huelga de hambre organizada por los mismos detenidos. Aunque las condiciones tampoco eran buenas, Aurelio estaba aliviado de finalmente tener una cama y poder tener visitas con sus familiares.
Poco antes de su primera audiencia en la corte, la tía de Aurelio, Francisca, encontró representación legal, gracias a la ayuda de la Red de Pueblos Trasnacionales y CoCounsel. Con la ayuda de la abogada Rebecca Press, Aurelio y su familia sentían más confianza en que él pronto regresaría a casa. Este sentimiento no duró.
Después de una semana en Delaney, agentes de ICE aparecieron en la celda de Aurelio y le informaron que lo iban a trasladar. Aunque le dieron muy poca información, Aurelio supuso que sería trasladado a Texas y luego a Mississippi, como le había pasado a otras personas que estaban detenidas con él.
Aunque ICE dice que los traslados no ocurren por razones punitivas, abogados de migración dicen que es una técnica deliberada de ICE para separar a migrantes de su sistema de apoyo y mover sus casos a distritos judiciales más amigables con la administración de Trump.

Aurelio, junto con un grupo de otros detenidos, fueron llevados en avión a Texas, encadenados de pies y manos. Al llegar, el grupo tuvo que esperar una noche en una celda donde no había espacio para los 20 o 25 hombres detenidos.
“Ni siquiera podíamos dormir porque no había espacio para acostarnos en el piso”, relató Aurelio.
El grupo fue separado, algunos a otros centros de detención en Texas, otros serían deportados y el resto a Adams County Correctional Center en la ciudad de Natchez, Mississippi. Ahí es donde Aurelio pasaría el resto de su tiempo detenido.
Dentro de la cárcel, las luces se quedan prendidas todo el día haciendo que sea casi imposible dormir. Cada noche, los guardias obligaban que todos los detenidos se despierten, salgan de su cama y se paren como parte de su chequeo de seguridad. Los detenidos tienen muy pocas oportunidades para salir afuera, entonces pasan casi todo su tiempo bajo luces fluorescentes.
“Si tú no salías al patio o a comer las horas específicas, no te abrían la puerta para nada, entonces te quedabas sin comer o sin salir,” dijo Aurelio.
Adams County Correctional Facility es propiedad de CoreCivic, Inc., una de las compañías de cárceles privadas más grandes en los EU. Entre 2024 y 2025, sus ingresos subieron cerca de $200 millones a causa del aumento en arrestos de ICE. CoreCivic sabe que hay dinero para ganar en el negocio de oprimir, secuestrar y detener inmigrantes. En el ciclo electoral de 2024, gastaron $1.7 millones en donaciones políticas y cabildeo.
El crecimiento de sus beneficios no ha resultado en mejores condiciones en sus centros de detención.
“Cuando llovía, caían gotas en tu cama y tenias que dormir en el piso o donde fuera posible,” me contó Aurelio.
Aunque estaba lejos de casa, Aurelio formó amistades con los otros inmigrantes detenidos con él. Dentro de los centros de detención no hay muchas maneras para pasar el tiempo. Aurelio llenó sus días leyendo la biblia y hablando sobre ella con otros detenidos. Crear una comunidad lo ayudó a aguantar su tiempo en detención, pero también era difícil ver a sus amigos perder sus casos y ser deportados.
“Mantengo contacto con ellos y la mayoría de ellos están en sus países,” dijo Aurelio, “En ese centro de detención ganaban muy pocos.”

Uno de ellos fue un señor que vivía en Queens, NY con su esposa y tres hijos jóvenes. Cuando Aurelio fue detenido, la esposa del señor le enseñó a su familia cómo poder mandarle dinero para el almacén y las llamadas. El señor era el proveedor principal de su familia. Su deportación dejó a su joven familia sin ingresos.
En la corte de migración de LaSalle, al que pertenece Adams County Correctional Center, 78.6% de los casos de asilo son rechazados. El promedio de todos los cortes de inmigracion es 57.7%.
Ver a tantos de sus compañeros perder sus casos le daba ansiedad a Aurelio, aunque otras personas detenidas le aseguraban que los que tenían SIJS siempre los soltaban. Desde 2022, el gobierno ha tenido una política de acción deferida para los beneficiarios de SIJS, debido a un atraso en las solicitudes de residencia permanente. Esto significa que mientras van revisando las solicitudes, los que tienen SIJS tienen el derecho de seguir viviendo y trabajando en EU.
En junio pasado, el presidente Trump trató de revocar esta regla, pero su decisión fue bloqueada por una corte federal. Mientras que el caso pasa por el sistema judicial, la acción diferida sigue en uso. Esto no ha parado a los agentes de ICE de perseguir a los inmigrantes con SIJS. En 2025, 265 beneficiarios de SIJS fueron detenidos y 132 de ellos fueron deportados.
Aurelio pasó meses detenido mientras que la batalla legal se desarrollaba. Antes de tener su primera audiencia, su caso fue desestimado por una jueza que determinó que ICE no podía detener a alguien con SIJS. ICE tenía 30 días para apelar, pero en dos semanas, abrieron su caso bajo el argumento de que no existía la acción deferida para SIJS. Cuando finalmente vio una jueza el 3 de marzo de 2026, ordenó que ICE lo liberara.
Aunque eran las noticias que estaba esperando, Aurelio y su familia tendrían que esperar 30 días más mientras que ICE determinaba si quieren apelar esta orden. Miles de migrantes detenidos se encuentran en esta situación, esperando decisiones y audiencias que constantemente se reprograman. El año pasado, Trump paso nuevas restricciones sobre el sistema de fianzas, haciéndolo prácticamente imposible que los migrantes detenidos puedan pagar para ser liberados mientras que su caso se desarrolla.
Cuando Aurelio finalmente fue liberado, los agentes de ICE le dieron el número de teléfono de una compañía de taxi, Anderson and Son. El taxista, el señor Anderson, pidió que cada persona le pague $300 por la aplicación Chime para llevarlos al aeropuerto en Baton Rouge, ubicado aproximadamente 145 km del centro de detención. Aurelio se acuerda que Anderson le dijo que si no pagaba el dinero, tendría que volver al centro de detención.
Desesperado para finalmente llegar a casa, Aurelio se contactó con su primo Marco, que fue quien le mando el dinero al taxista. Molino Informativo verificó textos entre Marco y conductor, el recibo de la transacción de Chime y el boleto de autobus, confirmando la identidad, el monto y el destino.
Molino tuvo una llamada con el señor Anderson y confirmó que los agentes de ICE lo contactan para transportar a personas liberadas. Según él, se contactó con el centro de detención cuando vio varios migrantes liberados esperando en una estación de autobús y decidió ofrecer sus servicios a ICE.
Cuando hablamos por teléfono con él, nos contó que carga $300 para el viaje al aeropuerto de New Orleans, el costo de gasolina, comida para los pasajeros, y el precio de llamadas internacionales que necesitan hacer sus pasajeros. Es importante notar que el Molino Informativo verificó que llevó a Aurelio y los otros al aeropuerto en Baton Rouge. New Orleans está más lejos de Natchez que Baton Rouge por más de 90 km.
Aurelio no necesitaba usar el teléfono de este taxista porque tenía el suyo y nunca recibió comida. Se acuerda que uno de los otros pasajeros tuvo que usar el teléfono del señor Anderson para poder acceder a los fondos necesarios para pagar el viaje. El Molino Informativo no se ha podido contactar con los dos pasajeros que viajaron con Aurelio ese día. Si sus recuerdos son correctos, Anderson cobró $900 por un viaje que duró menos de dos horas.
El señor Anderson nos dijo que él no comparte sus ganancias con ICE, DHS, CoreCivic o sus empleados. ICE no respondió a nuestras preguntas sobre este asunto. En un correo electrónico, CoreCivic nos dijo que aunque sus agentes proporcionan opciones de transportación a las personas liberadas, ellos tienen la opción de encontrar transporte independientemente o con la ayuda de sus abogados. Aurelio dijo que no le fueron presentadas otras opciones fuera de los servicios de Anderson and Son.
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Después de su experiencia en detención , Aurelio y su familia temían viajar en avión , por lo que decidieron que Aurelio viajaría de Mississippi a Nueva York por carretera. Tomó un autobús de Baton Rouge a Atlanta, Georgia, otro de Atlanta a Baltimore, Maryland, y finalmente, uno de Baltimore a Nueva York. A fin de cuentas, Aurelio paso más de 30 horas de camino.
“Me había acostumbrado a Nueva York. Me sentía como en mi casa,” dijo Aurelio sobre su regreso a Nueva York.
La experiencia lo había cambiado de manera física y mental. Estaba pálido y había perdido peso, debido a la mala alimentación dentro de los centros de detención. Durante las dos primeras semanas de su regreso, Aurelio sufrió de dolores de cabeza al tener que aclimatarse a poder salir afuera y dormir en la oscuridad. También vivía con el temor de ser detenido nuevamente. Sentía miedo cuando los carros se acercaban, pensando que podían ser agentes de ICE.
A pesar de que la experiencia de Aurelio fue horrorosa, hay miles de historias peores. Muchos migrantes enfrentan casos de deportación sin abogados, algunos fallecen debido a falta de atención médica adecuada, y varios son deportados a países donde serán perseguidos por su raza, religión, género, orientación sexual, discapacidad, o opinión política.
La experiencia que Aurelio tuvo en detención reafirmó que Nueva York es donde él quiere estar. Su próximo paso es solicitar su residencia permanente para poder crear en los Estados Unidos un futuro que no podría tener en su país de origen.

